Dice un refrán popular que “la familia y el sol cuanto más lejos mejor”. Y el refranero es muy sabio, sin embargo, la ciencia aún lo es más y está demostrado que no se puede vivir sin sol, ni sin familia.

El ser humano, nace desprovisto de capacidad para sobrevivir por sí mismo, por este motivo si el sistema familiar quiebra la especie humana corre un serio peligro, no de extinción, pero si como estructura social.

La familia como la recordamos prácticamente no existe. Los nuevos modelos sociales han cambiado de manera notable y a tanta velocidad que no nos han permitido adaptarnos de una manea adecuada. La definición de familia hoy es diferente de cómo era no hace mucho; hoy se trata de la unión de varias personas que conviven juntos, y no para siempre, comparten un proyecto de vida “mientras dure”, que les une un fuerte sentimiento de pertenencia, de arraigo, intensas relaciones, intimidad y dependencia. Independientemente de que el modelo de familia sea monoparental, homosexuales, adoptivas, las funciones son las mismas.

 

Funciones de la Familia con respecto a los hijos:

  1. Es un escenario donde se construyen personas adultas con una determinada autoestima y un determinado sentido de sí mismo, y que experimenta un cierto nivel de bienestar psicológico en la vida cotidiana frente a los conflictos y situaciones estresantes.
  2. Es un escenario de preparación donde se aprende a afrontar retos, así como a asumir responsabilidades.
  3. Es un escenario de encuentros intergeneracional.
  4. Es una red de apoyo social para las diversas transiciones de la vida.
  5. Asegurar la supervivencia de los hijos.
  6. Aportar a los hijos, a los padres… un clima de afecto y apoyo.
  7. Aportar estimulación que haga de ellos seres con capacidad para relacionarse competentemente con su entorno físico.
  8. Ayudarles en el proceso de toma de decisiones. Escolares, profesionales, personales.
  9. Ayudarles en la clarificación de valores.

Debemos reconocer que la educación de los hijos era más fácil, no hace tanto tiempo. El exceso de trabajo, el poco tiempo, las largas distancias y los cambios de roles hacen el trabajo de criar a los hijos, sobre todo si son, adolescentes, a veces insoportable. Tareas como poner límites, establecer normas, orientarles en los estudios, resolver conflictos familiares cada vez cuesta más tiempo y energías.

Es en este contexto es donde el asesoramiento de un profesional puede ser de gran ayuda, a la hora de establecer límites y normas mínimas de convivencia, de ayudarnos a conocer a nuestros hijos, (como piensan, que valores son importantes para ellos, orientarles en sus estudios, en la toma de decisiones, en los conflictos sociales y escolares, en sus primeras relaciones amorosas y sexuales, etc.,) y a conocernos a nosotros mismos; (que expectativas tenemos con respecto a su futuro, como reducir la ansiedad, como compensar el sentimiento de culpa cuando no podemos dedicarles todo el tiempo que nos gustaría, como evitar que nos chantajeen, etc.)

Todos estos problemas, que a veces parecen no tener solución, la tienen de una manera fácil cuando sabemos como enfrentarnos a ellos y hemos desarrollado estrategias que nos ayudan, si no a solventarlos en su totalidad, si a verlos de una manera más racional y crear un ambiente familiar que sea eso un buen ambiente familiar.